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Cómo identificar los síntomas de un TCA: Trastorno de la Conducta Alimentaria

Si tenemos en cuenta que en España entre el 4,1 al 6,4 por cierto de mujeres jóvenes sufre un Trastorno Alimentario (fuente: SEMG), entenderemos la importancia de hacer una detección temprana de este tipo de problemas, esto es crucial para que el pronóstico de la enfermedad sea más favorable. Para ello, tenemos que conocer las señales de alarma que se presentan cuando alguien sufre un Trastorno Alimentario. Si identificamos alguna de estas señales, lo más prudente es no minimizarlas, tenerlas en cuenta dentro del contexto y buscar ayuda de profesionales especializados en este ámbito.

Podemos clasificar las señales de alarma en las siguientes áreas: 

  • Cambios que se producen en la conducta alimentaria:

  1. Iniciar una dieta. Aunque las dietas parezcan inofensivas y muchas de ellas vengan acompañadas del mensaje “mejorar tu salud”, hoy en día ya existen numerosos estudios que hablan de que iniciar una dieta es el principal desencadenante de un Trastorno Alimentario.
  2. Restricción de los alimentos. Esta conducta no lleva la etiqueta “dieta”, pero se basa en ir reduciendo las cantidades de comida o en eliminar  algunos grupos de alimentos, por ejemplo. Las restricciones pueden ser más sutiles o más evidentes, pero hay que prestar importancia a todas ellas. Lo relevante no es la cantidad que se quita de comida, sino la intención que hay tras esta conducta que suele ser el control del peso y la figura.
  3. Atracones de comida. Son episodios en los que la cantidad de comida que se ingiere se considera mayor de la que se ingiere normalmente, además van acompañados de la sensación de pérdida de control. Los primeros momentos suelen ser placenteros pero enseguida aparecen ideas de arrepentimiento y un gran malestar. La mayoría de atracones incluyen alimentos que la persona intenta evitar comer.
  4. Sobreingestas de alimentos y picoteos. Pueden ser conductas como dar muchas viajes a la cocina y sentir que “estoy todo el día comiendo”,  seguir comiendo una vez se ha terminado el plato aun estando saciada o esconderse para comer. La sensación que acompaña estas conductas es de funcionar de manera automática, sin tener consciencia de lo que realmente se esta comiendo.
  5. Purgas. Como los vómitos autoinducidos o el uso de laxantes y/o diuréticos. En ocasiones hay personas que justifican el vómito autoinducido con el argumento de que la comida les ha sentado mal o que les dolía la barriga, pero este discurso puede esconder la intención real de controlar el peso.
  6. Tener “alimentos prohibidos”. Se basa en clasificar los alimentos en buenos y malos y otorgarles un valor moral. En función de este criterio, se demonizan algunos alimentos y se eliminan.
  7. Poner excusas para no comer. Hay que presentar atención a la frecuencia con la que se da esta situación, ya que la persona afectada podría estar saltándose comidas de forma sistemática.
  8. Rituales o “manías” a la hora de comer. Algunos de estos rituales podrían ser no mezclar según qué alimentos, comer por colores, cortar la comida en porciones muy pequeñas o la velocidad en la ingesta, que podría ser muy rápida o muy lenta. 
  9. Controlar la alimentación de los convenientes. Se trataría de querer cocinar siempre para los demás para tener el control de que la persona afectada es la que come menos (o más), comparar los platos, querer hacer siempre la comprar o supervisar los alimentos que hay en casa.

  • Cambios en relación al peso y a la menstruación:

Antes de enumerar algunos cambios importantes a tener en cuenta en esta área, quiero resaltar que no podemos considerar que hay un problema alimentario solo cuando hay un peso muy bajo. El peso es solo un indicador de muchos de que puede haber un Trastorno Alimentario y en muchos casos ni siquiera es un indicador de presencia de TA ni de gravedad. Dicho esto, vamos con algunos indicadores:

  1. Fluctuaciones en el peso que no se explican por alguna causa orgánica.
  2. La persona afectada expresa un gran miedo a ganar peso.
  3. Ausencia de menstruación o menarquía.

  • Cambios a nivel emocional:

  1. Dificultad para identificar y expresar emociones. La persona empieza a centrarse en su cuerpo y los cambios físicos y cada vez se aleja más de su mundo emocional.
  2. Aislamiento y sentimiento de soledad. Muchas veces promovido por el malestar con la imagen corporal y el miedo a ser vista y rechazada por su aspecto.
  3. Sentimiento de desesperanza, vacío y desmotivación. Pérdida de interés por cosas que antes sí le gustaban.
  4. Verbaliza sentirse avergonzada de si misma.
  5. Marcada irritabilidad. La persona afectada se muestra más susceptible, con mayor suspicacia y menos tolerante ante situaciones complicadas.
  6. Estado afectivo ansioso-depresivo.

  • Cambios a nivel de pensamientos:

  1. Más rigidez cognitiva y por lo tanto menos flexibilidad mental. El estilo de pensamiento esta cada vez más focalizado en el detalle y en lo concreto.
  2. El tema de conversación predominante es el peso y el cuerpo, el propio y el de las demás personas.
  3. La percepción del propio cuerpo esta distorsionada, suele percibirse de un tamaño mayor de lo que realmente es.
  4. Dificultades para sentir cuando se esta saciada y cuando se tiene hambre.
  5. La autoestima se vincula principalmente a la delgadez. Cuanto menos peso, mejor autovaloración de si misma. 
  6. Pérdida de atención, concentración y memoria.
  7. Creatividad y fantasía cada vez más empobrecidas.

  • Otros cambios en la conducta:

  1. Uso excesivo de la báscula. La persona puede llegar a pesarse todos los días, incluso varias veces en el mismo día (antes y después de comer, antes y después de ir al baño, etc.)
  2. Hace un abuso del deporte. La persona afectada prioriza el hacer deporte ante cualquier otra actividad, se enfada si no puede seguir sus rutinas y no tiene en cuenta si esta cansada o le apetece hacer deporte, la única motivación para hacerlo es perder peso. 
  3. Empeora su rendimiento en lo laboral o académico.
  4. Oculta su cuerpo, se viste con ropa oscura y ancha, aunque haga mucha calor no se quita capas, se sienta y se tapa con algo para que no le vean la barriga o las piernas, etc.
  5. Mentiras. La persona afectada hace un uso recurrente de las mentiras para ocultar conductas que le permiten mantener el control de la comida y el peso. Por el mismo motivo puede empezar a incumplir normas y saltarse límites. Esto puede llevar al incremento de los conflictos en el ámbito familiar. 

Cabe recordar que esto son solo algunos ejemplos de cosas que nos pueden alertar, hay muchos otros que no están aquí descritos. También es importante tener en cuenta que un síntoma aislado no significa nada, pero si detectamos varios  es recomendable actuar para confirmar o descartar que exista un Trastorno Alimentario. Ante la duda, pide ayuda a profesionales especializados en el este área, mi equipo y yo podemos ayudarte.

Bibliografía: Todo sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria. M. Ángeles Martínez y colaboradores. Altaria.

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